Ponencia presentada en la mesa sobre ÍTACA 5º congreso internacional y 1er congreso nacional de Acompañamiento Terapéutico. Por: Psic. Gabriela Andrea Carretta B.

EL ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO COMO POSIBILIDAD DE GENERAR UN ESPACIO TRANSICIONAL EN CASOS CON TRASTORNO GENERALIZADO EN EL DESARROLLO.

El propósito de esta ponencia es explicar la función del acompañamiento terapéutico con niños que presentan trastornos graves en el desarrollo.

El A. T.*  es  una intervención que posibilita el  enlace  entre el mundo externo e interno del paciente posibilitando a partir del juego y la relación acompañante-acompañado la creación de un espacio transicional  que le permite al niño separarse de su madre y salir del ensimismamiento y la regresión que caracteriza a estos trastornos en el desarrollo

El acompañante terapéutico debe ser él mismo la herramienta lúdica de aquellos niños que no pueden jugar por estar inhibidos en el campo de la creatividad y la imaginación. Sólo así, el niño confiará en que fuera de él y en ese otro, hay algo de su mundo, de su placer y de su persona que lo motive a vincularse. La función del acompañante terapéutico es la de ser mediador entre el paciente y su realidad, dando presencia al discurso silenciado del paciente, brindando su mirada, voz y escucha a aquello que carece de palabra y comprensión.  Acompañar bajo este esquema permite un espacio donde el acompañado puede convertir esa compañía en un soporte ligado a su vida.

*Llamaré A.T. al Acompañamiento Terapéutico para fines prácticos.

La presencia del acompañante abre un espacio donde se puede alojar la posibilidad de una interacción entre el mundo interno del paciente y la exterioridad. Entonces, el acompañante debe ser el pasaje que le posibilite atravesar, de la disociación a la integración, de la soledad a la compañía.

Es desde el vínculo que se establece a través del juego, donde se construyen los cimientos de dicho enlace creándose así un espacio entre la desconexión y continuidad de lazos afectivos.Espacio que transita dentro de un marco temporal entre lo que no hubo y lo que se empieza a fundar.

Hasta aquí los planteamientos principales de lo que es un A. T. con niños. A continuación veremos algunas de sus particularidades desde el trabajo con la discapacidad:

En mi práctica como acompañante y psicoterapeuta en repetidas ocasiones me he encontrado con que una de las características principales de los niños y adolescentes que requieren A.T es que sus padres  han pasado por diversos especialistas y tratamientos buscando un nombre para la afección de sus hijos. Hay veces que la falta de un diagnóstico específico que le dé un nombre a lo que les pasa ha  tenido por consecuencia  que tanto en casa como en la escuela no sepan cómo tratarlos, cómo ponerles límites, cómo comunicarse con ellos, cómo enseñarles a saberse  sujetos con necesidades y deseos propios, por lo tanto tampoco ellos han  tenido la necesidad de entender a los demás y ser entendidos. Son chicos que se encuentran inmersos en sí mismos y que no tienen interés alguno en los demás y en el medio, una expresión de esto es la incapacidad que estos pequeños muestran para jugar.

Winnicott (1962) sostiene que los niños que no juegan, incluyendo primordialmente al autismo dentro de estas perturbaciones, están siempre al borde de una angustia impensable, siendo la madre la encargada de mantener esta angustia alejada mediante su función de sostén; pero cuando esta función falla, aparecerá en el niño como una sofisticada defensa “el autismo”, que lo protegerá de dicha angustia masiva.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando el niño se encuentra inhibido para jugar? ¿Es posible prestarse como puente transicional, cuando este puente es frágil e imposible de transitar? Cuando el área transicional no existe, el mundo interior del niño, donde habitan sus conflictos más desconocidos, y la realidad cotidiana compartida se encuentran disociados, ignorantes uno del otro. Aquí acontece la patología, la enfermedad y el padecimiento del pequeño. La intensidad de cada patología dependerá del grado de disociación entre el mundo interno y externo. El A.T. debe habilitar un espacio de confianza para que el niño se anime a cruzar este paso que va de su solitario mundo a la realidad subjetiva y compartida. Será entonces función del A.T. primero construir un vínculo que rescate al niño de la pasividad e incertidumbre.

En los casos donde el niño no juega por inhibición, es importante saber que el proceso empático, que debe suceder para que la cura avance, está a veces vacío de simbolismos, de palabras, de miradas y que ese vacío es parte de lo que el niño padece, porque no encuentra nada allí de donde sujetarse(en el amplio sentido de la palabra). Vacío que el acompañante no debe llenar, sino saber recrear para así poder descifrar los estados emocionales del otro y reaccionar frente a ellos en el intercambio afectivo.

En niños con patologías graves es importante considerar “la presencia del A.T.”, donde la mirada y el gesto juegan a ser palabras y acciones, donde el silencio le posibilita al niño que busque y explore sus sonidos y sensaciones, la espera es la única vía de esta búsqueda. En estos casos no se puede esperar que el juego surja espontáneamente como una propuesta del niño, porque no hay posibilidad desde la estructura para que esto suceda. La intervención del A.T. será estar atento a cualquier indicio ya sea un grito, un pedazo de hilo o de papel, un alimento, etc.  para comenzar a establecer un vínculo que pueda ser representado en un  juego. La mayor parte del tiempo estamos en silencio pero activos con los gestos, con las miradas y con el cuerpo. Estos indicios, que a veces son sonidos, primitivos gestos, rituales etc. son los que poco a poco el acompañante irá leyendo, traduciendo y contextualizando  para transmitirlos al psicoterapeuta del acompañado. El Acompañante, en esta posición, no propondrá juegos, ni aceptará roles impuestos, sólo estará allí para acompañar a un sujeto que se encuentra detenido en su maduración más primitiva.

Es interesante pensar la eficacia que adquiere la intervención del A.T. si es pensada como un puente transicional que posibilita el crece entre el mundo interno y externo el acompañado, donde el juego surge como una de las posibilidades que rescatan al niño de lo traumático a partir de permitirle colocarnos en su vida como un acompañante lúdico al que puede usar para sostenerse en sus primeros pasos para la individuación.

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